El eco del Prado en la tierra esteña: cuando la mayor vidriera del país impulsa a la producción rochense
Escribe Juan M. Jara
Cada mes de setiembre, la ruralidad uruguaya converge en un mismo punto geográfico. Durante diez días, el predio de la Rural del Prado en Montevideo deja de ser un simple parque urbano para transformarse en el corazón palpitante del país productivo. Se habla de genética de punta, de tecnología aplicada al agro, de tendencias de mercados internacionales y de políticas públicas. Sin embargo, detrás del brillo de las pistas de jura, los galpones colmados y el bullicio de los pabellones comerciales, el verdadero valor de la Expo Prado reside en su capacidad de irradiar oportunidades hacia el interior profundo. Y en ese mapa que une la capital con cada rincón del territorio, el departamento de Rocha encuentra una plataforma estratégica que va mucho más allá de una simple participación ferial.
Rocha posee una identidad productiva singular, moldeada por una geografía tan rica como diversa. No somos únicamente un destino de playas oceánicas y lagunas protegidas; somos tierra de bañados, de sierras ásperas, de montes nativos y de llanuras fértiles donde conviven la ganadería tradicional, la producción arrocera más tecnificada del continente, el desarrollo forestal, la pesca artesanal y, de forma creciente, la olivicultura, la vitivinicultura y las producciones agroecológicas. Para un departamento con este perfil, la Expo Prado no es un paseo ajeno ni un evento exclusivo de las élites ganaderas, es el escenario donde el trabajo silencioso de todo un año se mide frente a los más altos estándares nacionales e internacionales.
El primer gran beneficio, indudablemente, se observa en la ganadería. Rocha es históricamente un departamento criador por excelencia. Miles de terneros nacen y crecen en nuestros campos bajos y serranías antes de abastecer los esquemas de invernada y los corrales de engorde de todo el país. La presencia de cabañas rochenses en las pistas del Prado compitiendo de igual a igual en razas como Hereford, Aberdeen Angus, Corriedale o Texel valida el esfuerzo descomunal de los productores locales por incorporar genética superior. Cada cucarda, cada mención o simplemente la presencia en el ruedo central confirma que el ganado criado contra el viento del este tiene rusticidad, adaptación y calidad carnicera. Pero el beneficio no queda en el cabañero premiado, esa genética luego derrama sobre los rodeos comerciales de nuestros pequeños y medianos productores, mejorando los índices de procreo, el peso al destete y el valor de cada lote en las ferias ganaderas locales.
A su vez, la Expo Prado funciona como una caja de resonancia inigualable para la agroindustria y la diversificación rochense. En los últimos años, el departamento ha demostrado que el campo es también innovación y valor agregado. Nuestros aceites de oliva de calidad extra virgen reconocidos mundialmente por las particularidades que el clima marítimo otorga a los olivares, los quesos artesanales, las mieles de monte y pradera, y los vinos que maduran entre las sierras encuentran en el Prado a un consumidor exigente, ávido de conocer el origen de lo que consume. Para el productor que elabora en pequeña escala, tener presencia en los pabellones institucionales o en las muestras artesanales no solo significa ventas directas durante la semana; representa abrir canales de distribución hacia cadenas comerciales, restaurantes y mercados que difícilmente se alcanzarían desde la portera del establecimiento.
No menos importante es el impacto en la articulación tecnológica y el conocimiento. El campo moderno no admite la improvisación y la producción rochense enfrenta desafíos complejos, desde la gestión hídrica en zonas de bañados y la convivencia con áreas de alta sensibilidad ambiental, hasta la necesidad de optimizar costos de maquinaria y logística. El Prado es el espacio donde el productor de a pie entra en contacto directo con las herramientas del futuro. Allí se presentan los avances en monitoreo satelital de pasturas, las aguadas solares, los softwares de trazabilidad individual, las maquinarias con dosificación variable y las soluciones biológicas para el cuidado del suelo. Salir por unos días del establecimiento para observar hacia dónde va la innovación mundial permite a los productores de Rocha volver a su pago con ideas renovadas, evaluando cómo adaptar tecnologías de punta a la realidad de sus propios potreros.
Asimismo, la muestra montevideana es un catalizador para el turismo rural y de naturaleza, dos sectores inseparables de la economía del este. Rocha tiene la ventaja competitiva de ofrecer una ruralidad viva a pocos kilómetros de la costa. En los espacios de promoción turística de la expo, el departamento no solo exhibe playas para el verano; muestra sus estancias turísticas, las rutas gastronómicas locales basadas en el cordero esteño, los paseos por los palmares y las cabalgatas por las sierras. Quien visita el Prado buscando sabores y tradiciones del campo uruguayo descubre en Rocha un destino para todo el año, dinamizando el empleo de guías locales, posadas familiares y emprendimientos gastronómicos comunitarios.
Por último, no debe pasarse por alto la dimensión gremial y política de la muestra. La concentración de autoridades nacionales, ministros, técnicos y directivos de instituciones agropecuarias convierte al Prado en el foro natural donde se debaten las problemáticas estructurales del país. Para las gremiales de Rocha como la Sociedad Fomento Rural y las cooperativas locales, estos días representan la oportunidad de poner sobre la mesa las demandas específicas de nuestra zona: el estado de la caminería rural, el costo de los fletes para llegar a los puertos, el acceso al financiamiento para pequeños establecimientos y la necesidad de políticas diferenciadas para la producción en zonas de amortiguación ambiental. La voz de Rocha se hace escuchar con más fuerza cuando el país entero está prestando atención al sector agropecuario.
La Expo Prado, en definitiva, no termina cuando se apagan las luces del ruedo ni cuando regresan los camiones jaula por las rutas 8 y 9. Su verdadero impacto comienza después, en el día a día de nuestras chacras, arroceras y estancias. El evento confirma que la producción rochense no está aislada ni detenida en el tiempo, sino plenamente integrada a la vanguardia productiva del Uruguay. Aprovechar cada contacto comercial, incorporar la genética que marca tendencia y adoptar las tecnologías vistas en la capital son los pasos necesarios para que el esfuerzo cotidiano de nuestra gente se traduzca en más trabajo, arraigo juvenil y desarrollo genuino para todo el departamento.




