octubre 27, 2026

Uno de cada tres uruguayos sufrió algún intento de fraude digital y el 8% perdió dinero

Los fraudes digitales forman parte de una experiencia cada vez más frecuente para los usuarios de internet en Uruguay. El 32% afirma haber sido víctima de algún intento de fraude, engaño o robo de información, mientras que el 8% declara haber perdido dinero durante el último año como consecuencia de una estafa online.

En 2024, la pérdida de efectivo alcanzaba al 5% de los usuarios, lo que demuestra el crecimiento del impacto económico que esto tiene en las personas con el paso de los años.

Así lo señala el estudio “Estado de la Ciberseguridad en Uruguay”, desarrollado por Datasec, empresa especializada en ciberseguridad, seguridad de la información y gestión de riesgos, a partir de datos obtenidos por Grupo Radar. El informe analiza el estado de la ciberseguridad en el país y aborda tanto la evolución de las amenazas como el nivel de preparación de la población y las empresas.

En este contexto, persisten importantes brechas en las prácticas de protección de los usuarios. Una de cada tres personas que utiliza una computadora no cuenta con un antivirus, mientras que el 40% no realiza respaldos de su información. La situación también se observa entre quienes utilizan teléfonos inteligentes, ya que una de cada cuatro personas con smartphone no respalda la información almacenada en el dispositivo.

La experiencia también genera cambios en los hábitos. Entre quienes sufrieron algún intento de fraude, el 71% modificó alguna de sus prácticas de navegación o incorporó medidas para protegerse. Esto muestra que, además del impacto económico directo, el avance del ciberdelito está modificando la forma en la que las personas utilizan internet y gestionan su seguridad digital.

Estos resultados son consistentes con la evidencia proveniente de fuentes estadísticas oficiales. Según el módulo de victimización de la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE), incluido en su informe anual de 2025, solo el 21,7% de los casos de estafa fue reportado a la Policía y apenas el 18,6% fue formalmente denunciado.

En paralelo, el contexto de amenazas se vuelve más dinámico y sofisticado. El aumento en la capacidad de detección, reflejado en los datos del CERTuy, convive con una evolución del delito hacia modalidades más escalables y cada vez más centradas en el engaño y la manipulación de las personas.

La inteligencia artificial está cambiando la naturaleza del riesgo, y no solo su escala. En la región ya se documentan ataques de phishing personalizado, generación automatizada de mensajes fraudulentos a gran volumen y suplantación de identidad mediante síntesis de voz e imagen.

Tecnologías que antes requerían capacidades técnicas avanzadas están hoy al alcance de un número mayor de atacantes, lo que permite aumentar la velocidad, el volumen y el grado de personalización de los intentos de fraude. Al mismo tiempo, la inteligencia artificial también puede ser utilizada para fortalecer la ciberseguridad, mediante una mejor detección temprana, la automatización de respuestas y la identificación de patrones de ataque.

El estudio plantea un escenario en el que la ciberseguridad deja de ser exclusivamente una cuestión tecnológica y pasa a involucrar también hábitos, capacidades de prevención y respuesta, y una mayor conciencia sobre los riesgos asociados al uso de las herramientas digitales.