julio 26, 2026

Preocupación social: 200 despidos de agroindustria de Lascano

Escribe Juan M. Jara

Hay noticias que caen como un baldazo de agua helada, pero cuyos efectos se sienten en el cuerpo con la violencia de un terremoto. Eso fue exactamente lo que ocurrió en el noreste de Rocha cuando se confirmó la venta de la agroindustria GAUCHO al grupo inversor UAG: doscientos trabajadores, doscientos vecinos con nombre y apellido, quedaron en la calle de un solo plumazo.

No podemos ver esto como una simple transacción entre privados o un reajuste contable en una planilla de Excel. Lo que está pasando en Lascano es una crisis social en pleno desarrollo. Es el reflejo más crudo de una lógica corporativa fría y distante, donde la rentabilidad financiera inmediata de unos pocos vale más que la dignidad, la estabilidad y la vida entera de un pueblo.

Para entender la gravedad de lo que ocurre, hay que dejar de lado las cifras frías. Decir «200 despidos» en una gran metrópolis puede ser una noticia de un día; en una comunidad como Lascano, es una tragedia comunitaria. Hablamos de mano de obra especializada, de familias enteras que habían echado raíces y encontrado en el complejo de Los Ajos un sostén digno para proyectar su futuro. De la noche a la mañana, a esas doscientas familias les arrancaron el piso sobre el que estaban paradas.

La economía de nuestros pueblos del interior no funciona en compartimentos aislados. Es un ecosistema vivo e interconectado. En Lascano, el comercio, las pequeñas empresas de servicios, las cuentas del almacén de barrio y hasta el estado de ánimo colectivo giran en torno al movimiento de sus grandes motores productivos. Cuando el motor principal clava los frenos sin aviso, el tirón lo sienten todos: el boliche de la esquina, el taller mecánico, el profesional independiente y la escuela del barrio.

Las decisiones que destruyen el trabajo en Lascano no se tomaron pensando en la gente de Rocha; se firmaron en escritorios lejanos, por gente que probablemente nunca pisó este suelo ni conoce el rostro de quienes lo trabajan.

El impacto de este cambio de manos trasciende los límites de Lascano y enciende las alarmas en todo el departamento de Rocha. Durante años, la zona se consolidó gracias a un modelo agroindustrial integrado con una cadena arrocera y ganadera intensiva sólida que no solo extraía riqueza de la tierra, sino que le agregaba valor acá, generando tecnología, plantas robotizadas y empleo calificado.

Lo que propone este nuevo grupo inversor es exactamente lo opuesto, un desmantelamiento de esa estructura para instalar un modelo extractivo de renta, basado en el arrendamiento de campos y la tercerización. Se cambia la industria local por la agricultura y la ganadería extensiva.

¿Qué significa esto en la práctica? Significa que donde antes había decenas de puestos de trabajo estable, calificado y bien pagos, ahora habrá empleos golondrina, volátiles y drásticamente menores en cantidad. Es un vaciamiento productivo. Se vende el patrimonio de la región por sumas millonarias en operaciones que superan los cien millones de dólares y abarcan miles de hectáreas en Rocha, Treinta y Tres y Cerro Largo, pero la ganancia se va para afuera y el costo social se queda a vivir entre nosotros.

Las perspectivas que llegan desde el sector no son alentadoras a corto plazo. El daño ya está hecho, y sabemos que las promesas de «absorción gradual» o «reconversión a mediano plazo» suelen ser palabras huecas si no hay una presión real detrás. Lascano no tiene el lujo de esperar de brazos cruzados a que el mercado decida, de buena gana, devolverle la vida a su gente. El «mediano plazo», librado a su suerte, no es más que un desierto irreversible.

Desde acá hacemos un llamado urgente a la reflexión, pero sobre todo a la acción:

-Responsabilidad política inmediata: Las autoridades departamentales y nacionales no pueden mirar para el costado ni escudarse en que este es un «asunto entre privados». Cuando el capital internacional desestabiliza la paz social de toda una región, el Estado tiene la obligación de intervenir, mediar y exigir garantías para el empleo local.

-Respaldo a la comunidad organizada: La respuesta ante este atropello debe ser colectiva, firme y departamental.

-Defensa de nuestro modelo productivo: Rocha debe plantarse con firmeza. No podemos permitir que nuestro suelo se convierta en una mera plataforma de extracción financiera que nos deje sin industrias, sin jóvenes y sin futuro.

El trabajo digno no es una variable de ajuste en la liquidación de una empresa. La reconversión y la defensa irrenunciable del empleo en Lascano deben ser la prioridad absoluta hoy mismo. Mañana, como suele pasar cuando la política llega tarde, será demasiado tarde.