El peligro mortal de bañarse sin guardavidas
Escribe Juan M. Jara
Cada verano, las noticias se repiten con una trágica similitud: personas que pierden la vida en ríos, lagunas, canteras o playas alejadas. A menudo, el denominador común no es la falta de habilidad para nadar, sino la elección del lugar equivocado. La decisión de ingresar al agua en zonas no habilitadas es, lamentablemente, una de las principales causas de ahogamiento.
Es vital comprender que el agua es un entorno dinámico y a menudo engañoso. Lo que desde la orilla parece un espejo de agua tranquilo, bajo la superficie puede esconder corrientes de retorno, pozos repentinos, rocas afiladas o vegetación que atrapa. En una zona habilitada, estos riesgos han sido evaluados y marcados; en una zona no autorizada, cada paso es una incógnita.
Por qué «saber nadar» no es suficiente
Existe la creencia errónea de que, si uno sabe nadar, puede hacerlo en cualquier parte. Sin embargo, nadar en una piscina no es lo mismo que luchar contra una corriente en el mar o un remolino en un río.
En una zona sin vigilancia, el factor tiempo es letal. En caso de una emergencia, la diferencia entre la vida y la muerte se mide en segundos. Los guardavidas no solo están allí para el rescate físico; su función principal es la prevención. Ellos «leen» el agua, identifican los peligros invisibles para el bañista común y actúan antes de que ocurra el incidente. Sin esa figura presente, cuando ocurre el accidente, la ayuda suele llegar demasiado tarde.
La responsabilidad de elegir zonas habilitadas
Las zonas habilitadas para baños no son una sugerencia caprichosa; son perímetros de seguridad diseñados para proteger la vida.
Las playas autorizadas son monitoreadas para detectar cambios en el fondo y las corrientes.
La presencia de un puesto de guardavidas garantiza una respuesta profesional y equipo de rescate adecuado al instante.
Las banderas (verde, amarilla, roja) son un sistema de comunicación vital que nos informa sobre condiciones que quizás no percibimos a simple vista.
Un llamado a la conciencia
Disfrutar del agua es uno de los grandes placeres del descanso y el verano, pero nunca debe hacerse a costa de la seguridad personal o familiar. Ignorar un cartel de «Prohibido Bañarse» o alejarse a zonas solitarias buscando privacidad es una apuesta de altísimo riesgo.
La recomendación es clara y no admite matices: Si no hay guardavidas, no entres al agua. Respetar las zonas habilitadas es respetarnos a nosotros mismos y a quienes nos esperan en casa. La seguridad no es una restricción a nuestra libertad, es la garantía de que podremos volver a disfrutar el día de mañana.




