junio 4, 2026

Un reconocimiento que nace del corazón de Rocha

Escribe Juan M. Jara

El aplauso que se escuchó hace unos días en la Junta Departamental de Rocha no fue el típico aplauso frío de los actos oficiales. No fue un simple trámite, ni una medalla más para colgar en una pared, ni el cumplimiento de una formalidad de esas que se olvidan al día siguiente. Lo que pasó ahí fue otra cosa. Fue un acto de justicia puro y duro, un «gracias» gigante que venía madurando desde hace tiempo en el pecho de cada rochense. Fue, en definitiva, el reflejo de lo que todos sentimos en la calle.

A veces pasamos horas discutiendo en la tele o en las redes sobre para qué sirven las instituciones, qué rol deberían cumplir o si están cerca o lejos de la gente. Pero acá en Rocha, cuando las papas queman, la realidad nos da una respuesta corta y contundente. El Batallón de Infantería Mecanizado N° 12 no necesita explicar su rol con discursos solemnes; lo explica con hechos, con barro en las botas y con las puertas abiertas. Se convirtió en un pilar de nuestra comunidad porque se ganó ese lugar a fuerza de estar siempre. Su misión escrita en los manuales militares seguro es muy importante, pero la misión que eligieron vivir día a día es la de fundirse con las necesidades más urgentes de sus vecinos.

La primera línea cuando las papas queman

Hablar del Batallón 12 es hablar de esa mano que aparece cuando sentís que te ahogas. Literal y metafóricamente. Todos sabemos lo que pasa cuando el clima se ensaña con nosotros. Cuando las inundaciones avanzan sin pedir permiso, cuando el viento arranca techos o cuando el frío aprieta fuerte a las familias que menos tienen, los primeros en llegar son ellos.

No llegan con aires de grandeza; llegan a laburar. Se los ve en la primera línea de la emergencia, metidos en el agua, evacuando gurises, armando refugios, cocinando un plato de comida caliente y, sobre todo, llevando tranquilidad. Ese abrazo contenedor en medio del caos vale mucho más que cualquier despliegue técnico.

Pero la cosa no queda solo en las emergencias climáticas. Cuando la salud pública necesita un empujón, cuando hay que vacunar, cuando las campañas sociales desbordan la capacidad de los municipios o cuando hay que armar una logística gigante que parece imposible, el Batallón no duda. No dan vueltas, no ponen excusas burocráticas: ponen la disciplina, los camiones, los brazos y el corazón a disposición de lo que el departamento necesite.

El laburo silencioso de todos los días

Lo más lindo de este reconocimiento que la Junta aprobó por unanimidad es que no premia un hecho aislado. Premia el «hormiguero» diario. Ese uniforme de servicio que muchas veces pasa desapercibido porque ya nos acostumbramos a verlo, pero que está en todos lados.

Está en el mantenimiento de las escuelas y los espacios públicos que disfrutan nuestros hijos.

Está en el apoyo constante a los comedores comunitarios para que a nadie le falte un plato de comida.

Está en las madrugadas eternas combatiendo incendios forestales al lado de los bomberos, arriesgando el pellejo por nuestras sierras y nuestras casas.

Está en cada movida cultural o educativa donde se precise una carpa, un sonido o una mano amiga.

Es un lazo que viene de gurises, que tiene historia, pero que se renueva todas las mañanas con pequeños gestos de solidaridad. No es una relación de «la sociedad civil y los militares»; es la relación de una familia grande.

Un vecino más, vestido de verde oliva

Por eso, cuando la Junta Departamental homenajeó al Batallón, en realidad Rocha se miró al espejo. Porque los gurises y las mujeres que forman parte de esa unidad son nuestros mismos vecinos. Son los que cruzas en el almacén, los que llevan a los hijos a la misma escuela que vos, los que sufren y disfrutan del departamento de la misma manera. Visten de verde oliva, sí, pero abajo de la ropa de fajina late el mismo corazón rochense, con la misma identidad y el mismo orgullo por esta tierra.

Este homenaje es un abrazo apretado de todo un pueblo. Es la tranquilidad de saber que, venga lo que venga, en las buenas y sobre todo en las malas, Rocha no está sola. Tenemos alguien con quien contar, y ese alguien vive al lado nuestro.