BREVIARIO (microcuentos)
Escribe Darío Amaral
CARTOGRAFÍA
Acabando de trazar el último mapa del reino, descubrió que todos los caminos conducían a la misma tumba. Tardó menos en percatarse que no había cartografiado un área de la tierra, sino levantado el plano de su propia memoria.
HERENCIA
El anciano distribuyó relojes de bolsillo entre sus progenitores, ninguno de ellos funcionaba en verdad. “El tiempo ya está adentro”, emitió antes de expirar. Desde entonces, en aquella morada las agujas envejecen más lento que las mismas personas.
ARQUEOLOGÍA
Bastó retirar una pared para encontrar otra casa idéntica detrás; luego otra, y otra más… Cuando llegaron hasta la última habitación, allí estaba, un niño en shorts terminando, recién, de construir la primera.
GRAMÁTICA
El verbo “perdonar” nació una mañana, entre el bullicio, conjugado en pasado. Desde entonces nadie volvió a pronunciarlo en presente. Asimismo, los diccionarios prosiguieron llamándolo “verbo»; en tanto que los altos magistrados, “sustantivo»; dependiendo de la “locación”.
INSOMNIO
Cada noche dormía sus ocho horas enteras; era durante la vigilia cuando soñaba. Por ello nadie creyó en su cansancio cuando amaneció transfigurado en el recuerdo de otro hombre.
TESTAMENTO
«Todo cuanto poseo cabe en una palabra», escribió con pulso firme. Los herederos permanecieron años indagándola entre los papeles. La vinieron a encontrar en el margen de una página en blanco donde, palmariamente, podía leerse: “Todavía”.
INFIERNO
Dante circunvaló las nueve “regiones” buscando a los condenados. Al arribar al último círculo, halló una monumental biblioteca. Cada libro narraba, con minuciosa exactitud, la vida del hombre que lo abría . El poeta florentino debió cerrar el suyo antes de llegar al primer canto.
DESPERTAR
La mañana en que Gregorio Samsa despertó en su lecho, convertido nuevamente en un hombre, sintió en la sangre la viva desazón tras percatarse, entre otras cosas, que los insectos nunca habían inventado la vergüenza.
ORÁCULO
La pitonisa jamás anunciaba el futuro; revelaba sucintamente los recuerdos que aún no habían tenido lugar; aquella, y no otra, era la exégesis de por qué sus profecías siempre se cumplían demasiado tarde.
CATEDRAL
Los albañiles tardaron alrededor de unos cien años en levantar los cimientos y el mármol de las columnas que sostenían aquellas cúpulas de aquel templo nórdico. Un eco, venido del monte, tardó menos de tres segundos en derribarlo. Desde la catástrofe, los arquitectos europeos, secundados por algunos lingüistas, no han cesado de examinar la gravitación de una palabra.
CEGUERA
El anciano perdió la vista, subiendo los escalones de su casa, una tarde de lluvia otoñal. Al otro día comenzó a describir pormenorizadamente los colores del viento. Tras abordar su caso, los peritos médicos diagnosticaron imaginación avanzada en fase cuatro.
AJEDREZ
El rey llevaba siglos evadiendo, con denuedo, la muerte. Una noche, en un sueño, vislumbró que el tablero era cuadrado porque ninguna huida podía parecer infinita. No dudó en dejarse capturar; sus piezas prosiguieron batallando sin él.
APOCALIPSIS
Cuando expiró el último mortal, los relojes siguieron su mecánico avance con disciplina inquebrantable. El tiempo nunca se había ocupado en nosotros; apenas si toleraba nuestro vano hábito de medir o tabularlo todo.
DRÁCULA
Siglos de lunas carmines timando la sangre de los someros hombres, sopesando lo que aquellos denominan “eternidad”. No sospechó jamás que acaso lo inmortal se refería, únicamente, al postrero horror con que los hijos de dios emitían su nombre.
SHERLOCK HOLMES
Tras dilucidar el último acertijo de aquella habitación vacía, sobre un vetusto escritorio de caoba encontró una lupa, una pipa y una nota escrita con su propia caligrafía: “El culpable fue quien, desde el inicio, necesitó comprenderlo todo.”
FRANKENSTEIN
Cuando “la criatura” volvió sobre sus huellas para saber de su padre, el científico sólo atinó a señalar la luna de un espejo. Desde esa fecha ambos envejecieron con un único rostro.
ROBINSON CRUSOE
Tantos años en austero diálogo con aquella isla remota que, tras apersonarse Viernes, el náufrago había olvidado por completo la lengua de los hombres, entendía apenas el de las oscilantes mareas.
PETER PAN
Tiempo más tarde retornó con la ilusión de llevarse consigo a otro niño. Ninguno accedió a seguirlo. Sin más, entendió que la infancia no culmina cuando crecemos, sino cuando deja de esperarnos.
HOMBRE LOBO
No era la pálida luna quien lo volvía la consabida bestia; nada más le restituía el rostro oculto a la luz del día. De esta forma, los aldeanos llamaban “maldición» aquello que, sin tapujos, él llamaba “naturalidad”.
BORGES
Antes de alcanzar la ceguera, se apersonó, como acostumbraba, en la biblioteca en pos de un libro imposible; no tardó en dar con sus páginas y percatarse que el volumen lo estaba descifrando a él desde mucho antes de que aprendiera a abrir una página.
ONETTI
Fundó una ciudad para esconderse de la realidad… Quienes habitaban en ella creían fielmente haber nacido allí. Sólo el viento, proveniente desde más afuera, insistía en llamarla por el nombre de su melancolía.
SÁBATO
Descendió al túnel en pos de alguna salida. Cuanto más avanzaba, más reconocía las prominentes paredes; no tardó demasiado en percatarse que la penumbra nunca había estado “bajo tierra».
CORTÁZAR
La rayuela contaba con un casillero más, señalado apenas con tiza invisible. Quienes conseguían alcanzarlo no llegaban al cielo; en un santiamén resurgían en el primer salto con la acentuada sospecha de haber vivido otra vida entre un pie y el otro.
NERUDA
Esgrimió una oda para una piedra. Al concluir, la piedra comenzó a recordar que alguna vez había sido montaña. Algunos ancianos llamaron poesía a esa secreta modalidad de devolverles el pasado a las cosas.
HEMINGWAY
El viejo volvió a aquel mar sin redes, sin anzuelos, ni esperanza. Con sus rugosas manos vacías, fue la primera ocasión que el océano no consiguió arrebatarle nada.
HOMERO
El aedo cesó su canto tras concluir la guerra y los héroes debieron desaparecer al instante. Desde entonces, cada poema se desvive en pos de un combate para seguir existiendo.
NICANOR PARRA
Al “chileno terco” le dio por colgar un poema al revés para que nadie pudiera leerlo solemnemente. Los críticos lo enderezaron, (diariamente), durante años. El poema, entretanto, aprendió a caminar de cabeza.
ALEJANDRA PIZARNIK
Germinó una palabra tan minúscula que hasta el silencio no se contuvo en habitarla. Desde entonces, cada vez que alguien intenta pronunciarla, únicamente consigue escuchar el eco de una infancia que jamás tuvo lugar.
KENZABURŌ ŌE
Aquel bosque conservaba intacta la memoria de los vencidos. Los hombres entraban para olvidar; los árboles, en cambio, les regurgitaban cada nombre caído con la paciencia de la lluvia. Solo quien aceptaba cargar tamaña memoria encontraba, al salir, un porvenir menos ciego.
OCTAVIO PAZ
Procuró el centro del laberinto convencido de que allí le aguardaba, al menos, el silencio. Al arribar y descubrir allí un espejo, supo que toda soledad no puede ser más que un diálogo pronunciado en voz baja.
CHARLES BUKOWSKI
Apuró el último trago antes del amanecer. El alcohol no había vencido a la tristeza; apenas la había vuelto legible. El grotesco cantinero cobró la cuenta. La noche pagó el resto.
DOSTOIEVSKI
Confesó un crimen que jamás cometió. El juez lo absolvió. Fue entonces cuando comenzó el verdadero castigo: demostrar cada día su inocencia ante su propia conciencia.
LOVECRAFT
Abrió un libro oscuro cuya última página estaba escrita antes de la primera; no describía cosmogonías malévolas, ni monstruos; sí explicaba, con intolerable lucidez, por qué a los hombres les urgía darles vida.
EDGAR ALLAN POE
El cuervo regresó muchos años después.Pero no emitió su «Nunca más», sino el nombre del poeta. Bastó ese único apelativo para que la habitación se abarrotara de sombras.
ALFREDO ZITARROSA
Cantó con un “son” tan hondo que los caminos dejaron de conducir a los pueblos y empezaron a regresar a la infancia. Desde entonces, cada milonga recuerda una patria que aún entonces busca a sus hijos.
MARLON BRANDO
Interpretó tantos nombres que terminó olvidando el suyo. Una noche, ante el espejo, descubrió, sin asombro, que el único personaje imposible de representar era, en efecto, quien lo observaba desde el otro lado.
ULISES
Ulises retornó cuando Ítaca ya había aprendido a vivir sin él. Nadie discutió el peso de su nombre ni de sus cicatrices. Sólo cuando, al alba, el mar insistía en golpear la costa como un perro abandonado, vislumbró que los viajes no concluyen al arribo, sino cuando dejan de esperarnos.
CAPITÁN NEMO
Sumergió su nave al punto que el océano empezó a asemejársele al cielo. Allí descubrió peces transparentes, montañas dormidas y ciudades que jamás aprendieron la palabra patria. Comprendió que el verdadero naufragio tiene cita en la superficie de las aguas, sobre la tierra; allí donde los hombres respiran y aun así se ahogan con facilidad extrema.
LA BALLENA DE AHAB
Ahab dió finalmente con su ballena. La escrutó en silencio por horas sin levantar el arpón. Moby Dick mostraba en sus ojos el mismo cansancio que él. Acaso, en ese ínterin, ambos prefiguraron que la venganza siempre forja dos o más monstruos, pero ninguna victoria.
MARTÍN AQUINO
Aquino conocía mejor los caminos del monte que los de la ley. Cada árbol recordaba su nombre; cosa que ningún expediente pudo hacer. Cuando, revólver en mano, pereció ante las descargas de las carabinas, con suma indolencia los jueces cerraron y archivaron el caso. Los pájaros, en cambio, siguieron declarando su gesta todas las mañanas venideras.
CHARLES CHAPLIN
Pese a perder su bastón, nadie notó, en el vagabundo, tal ausencia; este se mantuvo caminando con la misma obstinada elegancia. Así, varios percibieron que la dignidad no reside en un atavío u objeto, como en la forma de sostener una sonrisa en tanto el mundo delibera y ensaya su crueldad.
WOODY ALLEN
Woody pasó una tarde entera buscando el sentido de la existencia; lo encontró, antes de la merienda, en un bolsillo del saco, junto a un boleto de cine vencido. Lo devolvió inmediatamente, entendiendo que algunas respuestas envejecen más rápido que aquellas interrogantes que las gestan.
HARRY POTTER
Y llegó el día en que nuestro bueno de Harry hizo añicos, en un pasillo de Hogwarts, su portentosa varita. Luego explicó que no llevaba a cabo aquel acto por desánimo a la magia en sí, sino tras razonar que el hechizo más difícil consistía en aceptar un mundo incapaz de obedecer nuestros deseos. Desde aquel día los milagros no dejan de suscitarse sin hacer ruido.
AKIRA KUROSAWA
El cineasta filmó una tormenta. Cuando concluyó la escena, los actores regresaron a sus respectivos hogares, pero la lluvia insistió en quedarse dentro de la película. Ahora sucede que, cada vez que el filme es exhibido en una sala de cine,no hay espectador que no abandone el cine con un poco de barro en sus zapatos.
HAYAO MIYAZAKI
Desde que dibujó una grulla que, al final, se negó a vivir sobre el papel, los niños comenzaron a mirar el cielo con una sospecha feliz. Algunos adultos aseveraron que era pura imaginación; los árboles y las nubes nunca estuvieron de acuerdo.
MARILYN MONROE
En la escena apagó todas las luces para apreciarse sin reflejos y constatar que la belleza también proyecta sombras, así como los aplausos nacen de un idioma incapaz de pronunciar la palabra compañía. Al despuntar el sol volvió a sonreír. Hollywood jamás notó la diferencia.
HERMAN HESSE
Sembró un árbol en medio de una biblioteca. Algunos lectores protestaron por las raíces que levantaban el piso, sin concebir, jamás,que los libros también necesitan tierra para crecer hacia adentro.
TORRES GARCÍA
Reacomodó el mundo al revés al punto de hacer protestar a los mapas y enmudecer a las brújulas. Nadie más que los niños reconocieron que el norte nunca fue un emplazamiento, sino una recurrente costumbre excesivamente orgullosa para admitirlo.
CHÉJOV
Dejó un fusil sobre la pared y abandonó la habitación. Durante toda la historia los mismos personajes aguardaron, impacientes, un disparo que nunca llegó. Tarde descubrieron que la verdadera tragedia residia en aguardar un improbable destino que tal vez nadie escribió.
JOKER
Clausó su risa una sola tarde. Gotham creyó haber vencido. Pero el silencio resultó más contagioso que cualquier carcajada. Desde aquella variación no hubo quien no desconfiara de su propia felicidad.
ORSON WELLS
Orquestó un colosal ardid radial con tanta belleza y sutileza que el mundo prefirió llamarla verdad. Pese a confesar el engaño, años después, era demasiado tarde: las mejores ficciones no necesitan ninguna clase de permiso para convertirse en memoria.
EL RETRATO (Oscar Wilde)
Tras perecer el último hombre verdaderamente hermoso, todos los espejos amanecieron empañados. Al cabo de semanas nadie consiguió verse el suyo en ninguno, por grande o diminuto que este fuera. Al limpiar, una vez más, la luna en uno de ellos una joven notó que no la reflejaba como debiera, sino como aquello que había resguardado con mayor esmero. Desde entonces comprendieron que el retrato siempre había estado del lado del cristal.
LA CAVERNA (Platón)
El prisionero escapó de la caverna y contempló el sol. Regresó e intentó describir la luz descubierta. Los del interior lo asesinaron con piedras cuidadosamente pulidas. Siglos posteriores, aquellas mismas piedras acabaron siendo exhibidas en un museo bajo el encumbrado rótulo: «Génesis de la filosofía».
EL LABIAL (Manuel Puig)
Ella nunca escribió, precisamente, cartas de amor; prefería dejar la marca del lápiz labial en las tazas de café que bebía. Décadas después, cuando demolieron la casa, los obreros hallaron cientos de besos fosilizados en la loza, sin que nadie encontrara una sola palabra que pudiera explicarlos.
EL CISNE (Rubén Darío)
El último cisne abandonó su lago porque el agua había aprendido a reflejar únicamente suertes de panfletos o bien anuncios publicitarios. Alzó entonces, su majestuoso vuelo, hacia un cielo sin metáforas. Aquella misma tarde la poesía inauguró su escritura en prosa para sobrevivir a cualquier otro embiste o embuste esnobista.
EL ARMARIO (Stephen King)
Al oscurecer el armario respiraba lo mismo que un ser vivo. Nunca salía nada de él; tampoco entraba nadie. El verdadero horror consistía en que cada amanecer, tras abrir mis ojos, conservaba un recuerdo menos de mi infancia. Cuando por fin me anime a abrir la puerta, descubrí sentado al niño que había sido una vez, sentado y envejeciendo en mi lugar.
LOS HETERÓNIMOS (Fernando Pessoa)
Durante años convivieron sin discutir. Cada uno despertaba con un nombre distinto y una biografía irreprochable. El contratiempo surgió cuando el cuerpo pereció. Ninguno de ellos quiso asistir al sepelio de los otros.
LA ISLA (Reinaldo Arenas)
Fugó de la isla surcando el mar nocturno sobre un precario gomón. Al arribar al continente descubrió que la aduana registraba también los sueños de los visitantes. Pensó, con perspicacia, que el océano nunca rodeó la tierra, como a la memoria.
EL INVENTOR (Roberto Arlt)
Construyó una compleja máquina destinada a fabricar esperanza barata. Contra cualquier pronóstico,funcionó tan bien que quebraron todos los vendedores de ilusiones. De pura casualidad, una noche descubrió que la máquina consumía, como combustible, el futuro de quien hacía uso de ella.
MACONDO (Gabriel García Márquez)
Cuando desapareció el último habitante de Macondo, las mariposas amarillas siguieron llegando puntualmente cada primavera. Revoloteaban sobre casas y jardines inexistentes, saludaban fantasmas meticulosos y regresaban al horizonte. La memoria, supimos junto al prodigio, también posee instinto migratorio.
EL TESTIGO (Truman Capote)
Toda la ciudad aseguraba conocer al asesino. Asimismo, nadie pronunciaba su nombre porque todos dependían de él para recordar quiénes eran. El juicio terminó sin culpables y lo que llaman “verdad” abandonó la sala escoltada por el silencio.
EL JARDÍN (Lezama Lima)
Plantó una palabra en el centro del patio, donde brotaron árboles de sintaxis exuberante, pájaros con plumaje barroco y frutos imposibles de pronunciar con una sola lengua y paladar. Los vecinos perjuraban que aquello era una “selva”. Pitando su habano, él insistía en tildarlo de “diccionario».
EL ASCENSOR (Mario Levrero)
El viejo ascensor se detenía, no por viejo, siempre en un piso inexistente. Nadie descendía, ni nadie subía. Una madrugada reuní valor y crucé aquella puerta. Mi apartamento estaba allí, esperándome, pero habitado por aquella persona que habría sido si jamás hubiera sentido miedo.
LA MAGDALENA (Marcel Proust)
Probó un trozo de pan endurecido y no recordó la infancia, sino todos los futuros que había desperdiciado. Esa fue la forma en que descubrió que la nostalgia no siempre viaja hacia atrás.
LA BIBLIOTECA
El avezado bibliotecario clasificaba aquellos libros de acuerdo al número de lectores que habían llorado sobre ellos. Existían estantes enteros dedicados a lágrimas discretas. Los volúmenes completamente secos permanecían cerrados con llave, pues, se sabía, eran los más peligrosos.
EL RELOJERO
El anciano reparaba únicamente relojes detenidos a la hora de una despedida. Decía que el tiempo roto hacía menos ruido. Cuando murió, encontraron sobre su mesa un reloj sin agujas. Era el único que seguía funcionando.
Datos del autor
Darío Amaral, docente y autor uruguayo, nacido en Rocha en 1974; estudió literatura en el IPA, (Montevideo). Sus cuentos, ensayos y poemas han sido publicados en diversas antologías, revistas literarias y periódicos de Uruguay, Argentina, Chile, México y España.
Participó en seminarios y talleres de lecto-escritura, en programas televisivos y radiales de cultura general y en el Proyecto Cultural Uruguay Te Leo, auspiciado por el MEC.
Recientemente obtuvo el Premio Nacional Constancio C. Vigil de narrativa.
Obras: Cuentos de Felisberto Hernández,(Ediciones MEC-2012); El Estampido de la Entraña Oriental,(Irrupciones Grupo Editor-2018); Confesiones de un Oriental Cuerdo en Desacuerdo,(Irrupciones Grupo Editor-2019); La Melancólica Oquedad del Caracol Ermitaño,(Editorial La Coqueta-2023); Los Centinelas del Cordón,(El Viento Editor-2025).





