Recuperar la paz de nuestros gurises: la seguridad en Rocha mirada desde la raíz
Escribe Juan M. Jara
Una postura humana y de cercanía frente al miedo que nos quieren imponer en el territorio.
Quienes habitamos, militamos y caminamos Rocha día a día, sabemos que este rincón del país no es solo un punto en el mapa ni una estadística que se lee fríamente en una oficina de Montevideo. Rocha es el vecino que deja la bicicleta sin candado en la vereda de la capital departamental, la madre que toma mate en la vereda mientras los gurises juegan en la calle, y el paisano que mantiene viva la palabra empeñada en la frontera o en el medio del campo. Esa tranquilidad, ese orgullo de mirarnos a los ojos y reconocernos como comunidad, es nuestra verdadera identidad. Sin embargo, no podemos tapar el sol con la mano: hoy esa paz cruje, y nos duele en el alma ver cómo se nos escurre entre los dedos.
Desde el Grupo 18 de Mayo miramos con profunda preocupación cómo se viene desgastando la convivencia en nuestros barrios y localidades. No lo decimos desde una tribuna teórica ni con el ánimo de hacer política menor con el dolor ajeno. Lo decimos porque compartimos la angustia del comerciante de Rocha de toda la vida que ahora atiende con rejas y miedo tras sufrir robos violentos; porque escuchamos la impotencia de las familias trabajadoras que ven florecer bocas de pasta base en la esquina de sus casas, robándoles el futuro a nuestros jóvenes ante una llamativa pasividad de las respuestas de fondo. La inseguridad golpea más fuerte a los que menos tienen, a los que no pueden pagar una alarma, una respuesta privada o un sistema de cámaras.
Nos quieren acostumbrar a que el delito es un paisaje natural, un costo inevitable de los tiempos modernos o del crecimiento turístico. Nos dicen que con un despliegue de luces y sirenas en el verano, bajo el tradicional «Verano Azul», las cosas están resueltas. Pero la realidad de Rocha dura doce meses.
¿Qué pasa cuando los turistas se van, las playas quedan desiertas y los focos de prensa se apagan? Queda la vecina del Chuy conviviendo con las tensiones lógicas y complejas de una frontera viva; queda el productor rural lidiando con el abigeato que le destroza el esfuerzo de meses; quedan los jóvenes de nuestros pueblos sin espacios de contención, quedando expuestos a las redes delictivas que aprovechan la falta de oportunidades de empleo y educación.
Para el Grupo 18 de Mayo, la seguridad no es un asunto puramente técnico ni de represión ciega. Creemos firmemente que una comunidad segura se construye, ante todo, con justicia social, presencia efectiva y rostro humano. Por supuesto que exigimos que la Jefatura de Policía cuente con los recursos humanos, logísticos y tecnológicos necesarios; es urgente que el personal policial que se la juega en la calle esté respaldado, bien pago y distribuido con un criterio real de cercanía y prevención, no solo de reacción cuando la desgracia ya ocurrió. Pero focalizar la solución únicamente en el último eslabón de la cadena es un error diagnóstico gravísimo que Rocha ya está pagando caro
El verdadero combate a la delincuencia empieza mucho antes. Empieza cuando recuperamos la plaza del barrio para las familias, iluminando cada rincón oscuro y llenando los espacios públicos de cultura, deporte y encuentro comunitario. Empieza cuando el Estado no retrocede y se planta con fuerza a través de políticas de vivienda digna, salud y contención social en las zonas más vulnerables. Cada gurí que abandona el sistema educativo o que no encuentra un horizonte laboral en el departamento es un espacio que le cedemos al narcotráfico y a la marginalidad. No hay tecnología analítica en los peajes ni cámaras de videovigilancia que sustituyan el tejido social roto.
Es tiempo de convocar a un gran acuerdo departamental, donde se escuche la voz de los municipios, de las organizaciones sociales, de los comerciantes y de los propios vecinos organizados. La seguridad debe ser una política de Estado local, ajena a los vaivenes electorales o las banderas partidarias, porque el miedo no elige color político cuando golpea una puerta. Necesitamos articular de manera inteligente el apoyo que hoy brinda el Ejército Nacional en la franja fronteriza, pero sin militarizar la vida cotidiana de los ciudadanos honestos que solo quieren trabajar en paz.
Rocha tiene que volver a mirarse al espejo y reconocerse en sus mejores valores: los de la solidaridad, el respeto y la vecindad. No queremos un departamento amurallado, desconfiado, donde miremos al de al lado como una amenaza.
Desde el Grupo 18 de Mayo nos comprometemos a seguir estando allí, en el territorio, codo a codo con nuestra gente, impulsando propuestas que devuelvan la centralidad al ser humano. Defender la seguridad de Rocha es, en definitiva, defender nuestro derecho a vivir sin miedo, a disfrutar de nuestra tierra y a asegurar que las futuras generaciones de rochenses crezcan con la misma libertad y paz con la que crecieron nuestros abuelos.
Esa es nuestra bandera y nuestro compromiso irrenunciable.




