«El interior en segundo plano»
Escribe Martin Veiga
En la columna anterior señalábamos que, mientras todo parece subir, lo que no crece al mismo ritmo son las respuestas del gobierno nacional. Hoy quiero detenerme en una consecuencia concreta de esa falta de prioridades: una vez más, el interior del país queda relegado.
Y en Rocha, esa realidad se siente con especial preocupación.
La reciente reformulación del plan de saneamiento de Obras Sanitarias del Estado (OSE) redujo el alcance originalmente previsto de la administración anterior (61 a 28) para distintas localidades del país. Cuando se ajustan este tipo de programas, lo que está en juego no es solo una obra de infraestructura: está en juego la calidad de vida, la salud pública, el desarrollo turístico y las oportunidades de crecimiento de nuestras comunidades.
En nuestro departamento, localidades estratégicas como La Paloma – La Aguada – Costa Azul y Castillos necesitan este tipo de inversiones para seguir consolidando su desarrollo.
En el caso de las que integran el Municipio de La Paloma, hablamos de una zona con fuerte crecimiento y enorme potencial turístico. Mejorar el saneamiento no solo protege el ambiente y nuestras costas, sino que fortalece uno de los principales motores económicos del departamento.
Castillos, por su parte, cumple un rol fundamental como centro de servicios para una amplia región del noreste de Rocha. Invertir en infraestructura básica es apostar al bienestar de su gente y al crecimiento sostenible de toda la zona.
Por eso, cuando se recortan o postergan obras para el interior, no se trata de una simple decisión administrativa. Se trata de una señal política. Y la señal que se transmite es preocupante: que, una vez más, las necesidades de las comunidades del interior no ocupan el lugar que deberían en la agenda nacional.
Al mismo tiempo, es justo reconocer el trabajo que se viene realizando a nivel departamental en Rocha. La presencia en el territorio, la articulación con las localidades y el compromiso con el desarrollo del departamento demuestran que, cuando existe voluntad política, es posible avanzar.
Pero los esfuerzos departamentales, por importantes que sean, no pueden sustituir las responsabilidades del gobierno nacional y de las empresas públicas.
El interior no pide privilegios. Reclama lo que le corresponde: infraestructura, planificación y una visión de país que entienda que el desarrollo del Uruguay también se construye desde localidades como La Paloma, La Aguada, Costa Azul y Castillos.
Porque cuando el interior queda en segundo plano, el país pierde oportunidades de crecimiento y miles de uruguayos ven postergadas soluciones que son tan necesarias como urgentes.




